En el corazón de Chueca, el Convento de las Recogidas de Santa María Magdalena se alza desde 1633. Sus muros han guardado en silencio siglos de historia de Madrid.
Fundado por las Clarisas, nació como refugio para mujeres en busca de redención. Su iglesia barroca y su claustro reflejaban la elegancia de la época. A lo largo de los siglos tuvo diversos usos, y cada etapa dejó su huella en sus muros.
Isay Weinfeld, arquitecto brasileño reconocido por su estilo minimalista cálido, reinterpreta el antiguo convento desde una mirada contemporánea que honra la esencia y la materialidad originales.
Su intervención nace del deseo de recuperar entre sus muros el silencio, la vida contemplativa y el recogimiento que marcaban el ritmo cotidiano de un lugar concebido para la reflexión y la redención.
El resultado es un espacio donde el alma se eleva al pasear por sus pasillos, donde el claustro invita a la pausa y la naturaleza del patio detiene el tiempo.
Este edificio se ha transformado a lo largo de su historia, y cada etapa ha dejado su huella en sus muros.
El claustro, rediseñado por el paisajista Fernando Martos, conserva elementos de su patrimonio histórico, como la fuente central protegida como Bien de Interés Cultural, y se abre como un espacio multisensorial donde arquitectura, historia y naturaleza dialogan en equilibrio. Un refugio de frescor y aromas que arropan al visitante.
El patio se abre en senderos que invitan a recorrerlo con calma. Bajo la sombra de frondosas plantas y árboles que preservan la intimidad, este espacio acoge a quienes se adentran en busca de sosiego.
Olivos, cedros, violetas y jazmines, junto a manzanos japoneses y otras especies ornamentales y medicinales, componen un entorno sensorial donde frescor, aroma y vegetación favorecen el equilibrio y el descanso.
Tras la recuperación del Convento de las Recogidas, Madrid recupera un edificio con casi cuatro siglos de historia.
Devolverle la vida a este espacio es también devolverle algo a la ciudad. Hotel Sor nace para quienes buscan adentrarse en uno de los espacios más singulares de Chueca. Un enclave que ha sabido reinventarse sin perder su origen, y que hoy recupera su vocación más genuina: acoger a quienes llegan al corazón de Madrid.